Tiempo atrás en los albores del mundo, jugaron Sol y Luna a construir un jardín mezclaron luz
y sombras, música y color, Luna coqueta chispeó de azul oscuro sobre la
redoma celeste de Sol, revuelto con gotas que perlaron su frente por la
cercanía de tanto calor, él sopló para refrescarla y así la brisa
también se unió.
Una cosa llevó a la otra, una caricia a un beso, una risa a más calor, y ambos imaginaron una sensación extraña que les
recorría el cuerpo, no sabían como llamarlo había surgido el primer
amor.
Y lo que comenzó en un juego fue convirtiéndose en
necesidad, las negras pestañas de Luna pasaron a ser la vida para
Sol, quería tocarlas, probar el frescor que parecía emanar de ellas
cuando ocultaban esos ojos gris plata, ¿que magia los convertía en pozos
de oscuro azul?, y sobre todas las cosas, quería beber las chispas de luz
de la comisura de sus labios.
Luna se sintió cegada y no le
importó, acostumbrada a la falta de luz no necesitaba ver para saber que
la cabellera dorada que se extendía sobre los hombros parecía tener voz, y
ésta la reclamaba.
Alargando sus manos hacia lo anhelado ambos se
fueron acercando sin saber como, cada paso se consumía en una
respiración que parecía que nunca llegaba, el aire huía de sus pulmones
ante el contraste de frío y calor.
Se enlazaron en un abrazo que
comenzó con los dedos, clavándose después en los hombros, aferrándose a
la espalda, las piernas endurecidas por un extraño temor y fijas en el
suelo, convertidas en segundos en verdes enredaderas que se apoyan en el
otro, que se mezclan.
Fundidos con la luz, con la oscuridad, con el silencio y el ruido, los apasionados amantes
dejaron su experimento un poquito descuidado, jadeantes satisfaciendo
el deseo que les había atrapado no percibieron otro calor más mundano,
la pequeña cubeta de sus juegos bullía febril, formando un vapor invisible
para quien está inmerso en su propia niebla.
Hirviendo, en el
cenit, enamorados y redoma atrapados en el sonido silente de aquel que
llama sin voz, de aquellos que con oídos no quieren oir entraron en una
espiral confusa que aumentó más y más la presión, en un segundo todo
explotó y ambos fueron lanzados a extremos opuestos separados cuando aun
añoraban la unión.
Quedaron a su paso estelas de colores, el cabello de luna perdió parte de las estrellas que la adornaban formando una sombra, finos hilos de sol la envolvieron y en una explosión, se fusionó, una figura radiante y blanca, brillante como la plata se puso entre los dos.
El cabello de sol igualmente entregó parte de su fuego que enroscado en sí mismo se dejó recrear por el azulado resplandor de la estela de luna, se contrajo y con un ligero susurro, un nuevo cuerpo apareció.
Sol y luna miraban aún medio aturdidos, pegados por la alquimia al fino tejido del cielo que por un momento a punto estuvo de romperse, se dieron cuenta del desastre en el momento, debían reparar la fina tela del tiempo, la telaraña del mundo quebrada por la explosión.
Apenados por su torpeza, por el descuido apasionado comenzaron la que por siglos sigue siendo su misión, para poder estar juntos debían reconstruir los caminos invisibles con paciencia, con susurros, con alientos sin destino su energía consumiéndose hasta, quien sabe cuando. Las lágrimas de luna fueron cosiendo poco a poco el cielo, manando en abundancia cayendo alrededor guardándose como precioso néctar en nuevas tierras baldías, escondiendo la nueva vida aun por asomar.
Sol reparó en los dos nuevos seres, vidas a su manera, ¿que hacer? ¿que eran?, quizás castigarían sus descuidos, quizás ayudarían en la labor ¿donde cuidarles si eso necesitaban?, ¿donde acogerles hasta acabar la enorme empresa?.
En este pensamiento se encontraba el alquimista cuando sucedió lo inesperado, como una extensión de quienes sin querer les crearon, Luna se giró, ambos percibían los sentimientos, las almas nuevas, los deseos instintivos de los entes que ajenos a sus miradas actuaron.
El ente plateado despedía un frío enorme tiritando se acercó al cálido y con dedos de seda le tocó, miraron uno a otro y el otro al de acá, siguiendo el movimiento, repitiendo lo que cada cual imaginó tocar. Como espectadores asistieron los astros al encuentro como si de sus propias pieles se tratase, ese deseo, ese vibrar, esas voces paseando por las olas de los sentidos.
Como si de una estrella de mar se tratase como si la pasión se consumiera al fundirse como si necesitasen nexos indelebles se dividieron una vez más generando de fragmentos dos nuevo seres, mezcla perfecta y su contra-cara, templado a caliente, y caliente a frescor.
Pasmados Sol y Luna les buscaron acomodo, en un planeta así como el nuestro, en un fragmento de tierra marrón y verde de agua y cielo color azul, a sus "primogénitos" les llamaron Verano caliente y dorado; Invierno con la plata de luna en los ojos con el frío en su interior, Primavera se llamó la gemela de Otoño nacidos a la par en perfecta transición.
Continúan reparando el universo, no están solos, ahora el tiempo se viste de colores de sensaciones, de aromas intensos, de frío y deslumbrante blanco, están siendo el lazo rojo que une a los amantes insatisfechos llevando los sentimientos de uno a otro confín del cielo, abriéndoles la puerta a la esperanza de que un día todo lo roto sea sanado, todo lo malo vuelva a mejor, todo abandono sea reencuentro y todo error una memoria lejana muerta con el tiempo, como un mal sueño que nunca jamás existió.
Fin.
Ari.
Quedaron a su paso estelas de colores, el cabello de luna perdió parte de las estrellas que la adornaban formando una sombra, finos hilos de sol la envolvieron y en una explosión, se fusionó, una figura radiante y blanca, brillante como la plata se puso entre los dos.
El cabello de sol igualmente entregó parte de su fuego que enroscado en sí mismo se dejó recrear por el azulado resplandor de la estela de luna, se contrajo y con un ligero susurro, un nuevo cuerpo apareció.
Sol y luna miraban aún medio aturdidos, pegados por la alquimia al fino tejido del cielo que por un momento a punto estuvo de romperse, se dieron cuenta del desastre en el momento, debían reparar la fina tela del tiempo, la telaraña del mundo quebrada por la explosión.
Apenados por su torpeza, por el descuido apasionado comenzaron la que por siglos sigue siendo su misión, para poder estar juntos debían reconstruir los caminos invisibles con paciencia, con susurros, con alientos sin destino su energía consumiéndose hasta, quien sabe cuando. Las lágrimas de luna fueron cosiendo poco a poco el cielo, manando en abundancia cayendo alrededor guardándose como precioso néctar en nuevas tierras baldías, escondiendo la nueva vida aun por asomar.
Sol reparó en los dos nuevos seres, vidas a su manera, ¿que hacer? ¿que eran?, quizás castigarían sus descuidos, quizás ayudarían en la labor ¿donde cuidarles si eso necesitaban?, ¿donde acogerles hasta acabar la enorme empresa?.
En este pensamiento se encontraba el alquimista cuando sucedió lo inesperado, como una extensión de quienes sin querer les crearon, Luna se giró, ambos percibían los sentimientos, las almas nuevas, los deseos instintivos de los entes que ajenos a sus miradas actuaron.
El ente plateado despedía un frío enorme tiritando se acercó al cálido y con dedos de seda le tocó, miraron uno a otro y el otro al de acá, siguiendo el movimiento, repitiendo lo que cada cual imaginó tocar. Como espectadores asistieron los astros al encuentro como si de sus propias pieles se tratase, ese deseo, ese vibrar, esas voces paseando por las olas de los sentidos.
Como si de una estrella de mar se tratase como si la pasión se consumiera al fundirse como si necesitasen nexos indelebles se dividieron una vez más generando de fragmentos dos nuevo seres, mezcla perfecta y su contra-cara, templado a caliente, y caliente a frescor.
Pasmados Sol y Luna les buscaron acomodo, en un planeta así como el nuestro, en un fragmento de tierra marrón y verde de agua y cielo color azul, a sus "primogénitos" les llamaron Verano caliente y dorado; Invierno con la plata de luna en los ojos con el frío en su interior, Primavera se llamó la gemela de Otoño nacidos a la par en perfecta transición.
Continúan reparando el universo, no están solos, ahora el tiempo se viste de colores de sensaciones, de aromas intensos, de frío y deslumbrante blanco, están siendo el lazo rojo que une a los amantes insatisfechos llevando los sentimientos de uno a otro confín del cielo, abriéndoles la puerta a la esperanza de que un día todo lo roto sea sanado, todo lo malo vuelva a mejor, todo abandono sea reencuentro y todo error una memoria lejana muerta con el tiempo, como un mal sueño que nunca jamás existió.
Fin.
Ari.

